Violencia de género – Radio CambiodeHábitos

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Hoy en día muchos titulares de los diarios, revistas y televisión exponen temáticas que tratan sobre la violencia de género. Es cuantioso el tiempo que le dedican los medios de comunicación a abordar este tipo de violencia, y esto se debe a que la misma se ha dejado de naturalizar y también, lamentablemente, el número de afectadas crece cada día más.

Nos parece un tema relevante la cuestión de violencia de género, por sus cifras alarmantes: Según los datos del indec del 2018, se han registrado 447.716 llamadas de casos de violencia de género. Estos datos son impresionantes considerando que la mayoría de las mujeres no llaman a la línea 144 ni tampoco acuden a centros de atención. Según los grupos etarios, se ha informado que dentro de los diferentes grupos de edad establecidos, la prevalencia más alta entre ellos es la que corresponde al rango de 40 a 44 años (37.8%), y la más baja corresponde al rango de 55 a 59 años.

Ahora bien, ¿Qué entendemos por violencia de género? La Organización de las Naciones Unidad (ONU) la definió en 1995 como “todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psíquico, incluida las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”. Esta definición surgió en el marco de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing.

Para entender esta definición debemos saber qué es el género. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como “los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres”. Entonces, el sexo biológico de “hombre y mujer” es diferente al género, ya que éste último implica la caracterización que socialmente se ha impuesto al sexo biológico. La definición de qué es una mujer o qué es un hombre ha cambiado durante los años y es diferente en cada cultura.

¿Y qué es violencia? La Ley 26.485 llamada “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales” sancionada en el 2009, define a la violencia como “toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”. La ley amplía la definición de lo que es violencia indirecta detallando que es  “toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón”.

Existen diferentes tipos de violencia:

  1. Física:  cualquier forma de maltrato u agresión que afecte la integridad física de la persona.
  2. Psicológica: refiere al daño emocional y a la disminución de la autoestima.
  3.  Sexual: Cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva
  4.  Económica y patrimonial: La que se dirige a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la
  5.  Simbólica: La que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad

Cualquiera de este tipo de violencias se puede presentar en diferentes ámbitos: doméstico, institucional, laboral, obstétrica, mediática o contra la libertad reproductiva.

Muchos se preguntan por qué cuando hablamos de violencia de género, hablamos de violencia hacia la mujer: Y si una mujer agrede a un hombre ¿no es violencia de género? Desde el plano legal, cuando un hombre daña a una mujer se caratula como Violencia de género, pero si fuese al revés, sería caratulada sólo como violencia. Carolina Jacki, abogada experta en violencia de género, explica que esto es así porque “la violencia de género es aquella que apela a la ‘legitimidad’ social que expresa que las mujeres deben tener un lugar subalterno en relación al varón, en donde el ámbito ‘propio’ de la mujer es el del espacio doméstico y/o de estar al servicio del placer del varón inclusive sin que medie el placer de la propia mujer». Destacamos también que se habla de violencia de género porque no es algo que tenga que ver con el sexo biológico que tenemos, con haber nacido con cierta genitalidad, sino con las conductas o los roles que la sociedad espera que debe tener un varón o una mujer. Y en esa distribución de tareas, roles y expectativas, el lugar de la mujer ha quedado secundarizado o subordinado al varón. Por eso se habla de violencia de género.

Ahora bien, sería importante empezar poder describir cuáles serían las razones posibles por las cuales un hombre maltrata a una mujer. Poder visualizar estos antecedentes, puede ser útil para llevar conciencia en términos de prevención. No existe un modelo teórico único e irrefutable, más bien existen varios modelos complementarios. Los principales modelos teóricos sobre la violencia de género proponen teorías asentadas en problemas de tipo individual, investigan alteraciones de personalidad, disposiciones biológicas o experiencias violentas a temprana edad que puedan explicar tales reacciones. Las teorías basadas en la dinámica familiar, asumen que la violencia es el resultado de problemas derivados de una interacción inadecuada en la familia y de los patrones desadaptativos de resolución de problemas de la pareja o familiares inherentes en sus relaciones. Las teorías sociales y culturales, por su parte, abogan por la existencia de valores que legitiman el control del hombre sobre la mujer como parte del legado del patriarcado.

La violencia de género se genera y mantiene de forma cíclica. El ciclo de la violencia desarrollado por Walker (1984) señala que una característica de la violencia es que no se da en forma continua en la relación, sino a través de ciclos, donde se combinan conductas de violencia, con otras de arrepentimiento. Según la fase de acumulación de tensión. Se caracteriza por las siguientes conductas del agresor sobre la mujer: agresiones psicológicas, cambios repentinos e improvistos en el estado de ánimo, incidentes “menores” de malos tratos (como por ejemplo, pequeños golpes o empujones). La mujer intenta calmar a su pareja a través de comportamientos sumisos o ignorar los insultos. En la segunda fase, de explosión o agresión, la tensión de la fase anterior llega a cierto límite, se produce la descarga de la misma a través del maltrato psicológico, físico o sexual grave. En la fase de reconciliación o luna de miel, no hay tensión, ni agresión, el hombre se arrepiente, pide perdón a la mujer, se compromete a que la agresividad no volverá a suceder. El maltratador se comporta de manera cariñosa, llegando a ser encantador. Es probable que la mujer en esta fase pueda atribuir la agresión a agentes externos, que no volverá a repetirse o que ella puede cambiar al maltratador.

Para poder ayudar a la víctima de violencia, se deben conocer los signos más frecuentes que pueden aparecer. Algunos ejemplos son: que la pareja controle dónde y con quién está en cada momento; escenas de celos y posesividad; desanimar constantemente a salir o mantener relaciones con los amigos o la familia provocando aislamiento; limitar posibilidades de estudio y/o trabajo o manifestar abiertamente prohibición de trabajar y/o estudiar; controlar los gastos; episodios de humillación frente a los demás; amenazar con abandonar, suicidarse o ejercer daño; Insultos y tendencia a culpar a la pareja de cualquier cosa; forzar a mantener relaciones sexuales. Desde ya, los sígnos de violencia física como golpes, cortes son los más notables, pero muchas veces las mujeres tratan de ocultarlos, o buscan una excusa para eximir de culpa al autor de tales lesiones.

Estos actos anteriormente mencionados, puede llevar a consecuencias psicológicas tales como:

  • Sensación de minusvalía y baja autoestima.
  • Sensación de estar atrapada y no de tener salida.
  • Sensación de impotencia y de que no hace nada bien y que lo que hace no soluciona su situación.
  • Puede iniciarse el consumo de alcohol y drogas
  • Miedo a quedarse sola con cargas familiares y económicas y no saber cómo salir adelante sin sustento económico propio.
  •  Síntomas de depresión como tristeza, llanto, alteraciones del apetito, del sueño y ansiedad constante.
  • Sentimiento de culpa sobre la situación.
  •  Sensación de estar sola (que solo se tiene a la pareja).
  •  Ideas de muerte.
  •  Miedo constante a alterar el ánimo de la pareja por lo que realiza una serie de conductas para que todo esté “perfecto”. De esta forma, el mundo emocional se ve reducido y gira en torno al otro.
  •  Ansiedad acompañada de síntomas físicos como problemas digestivos, alteración del apetito y del peso, alergias, dolores de cabeza, etc.

En cuanto a los apoyos con los que cuentan las mujeres maltratadas, existen estudios que indican que el papel del apoyo social es limitado ya que únicamente existe el apoyo social informal, es decir por parte de una persona significativa que parece tener un impacto relevante. Este apoyo es útil porque se aprecia de forma consistente cómo se asocia significativamente a una menor presencia de depresión y estrés postraumático en las mujeres víctimas de maltrato. En cuanto al apoyo formal, es decir de las instituciones, estas investigaciones sugieren que, si el apoyo que las víctimas reciben en los servicios y recursos de la comunidad es inadecuado, se contribuye a menudo a que permanezcan en las relaciones abusivas. Por lo tanto, las políticas de intervención orientadas a la dotación de recursos y servicios son muy necesarias y útiles

Prevenir que en el hogar los niños sean testigos o víctimas de la violencia, debido a que pueden aprender a creer que la violencia es una forma razonable de resolver los conflictos.

Quienes participan de espacios de trabajo, de educación, de deporte, etc., deben asegurarse de que los ambientes se encuentren libre de violencia de cualquier tipo, deben ser espacios donde las personas se sientan seguras y deben evitar la reproducción de creencias socialmente impuestas que puedan perjudicar a la mujer.

Por: Debbie Simil -Licenciada en psicología – Perfil Público

Bibliografía