Adicciones ¿Cómo identificar una conducta adictiva?

Hablamos de adicción para referirnos a una conducta concreta que se caracteriza por la relación que una persona establece y sostiene en el tiempo con un  determinado objeto. Al decir objeto no solo nos referimos a drogas, es decir a las adicciones por consumo de sustancias, sino que un objeto de adicción puede ser un comportamiento, una situación u otra persona.

Por eso es muy importante dejar de hablar únicamente de drogadicción para darle lugar a otras adicciones quizás no tan visibilizadas, como el juego compulsivo, la adicción a una persona (muchas veces confundida con amor), o la adicción a las compras.

Entonces, para hablar de adicción, necesitamos una persona que por determinadas variables bio-psico-sociales encara un vínculo cargado de dependencia hacia su objeto de adicción y esto se conserva de forma progresiva en el tiempo. Es decir, no es adicto quien un día, de forma ocasional consumió bebidas alcohólicas de más, padeciendo sus consecuencias negativas posteriores y pudiendo tomar conciencia de la situación, decide no repetir esa conducta priorizando su bienestar o pensando en evitar lo desagradable de dicha situación.

Tampoco es adicto quien decide destinar horas de un día libre a ver series o jugar a los videojuegos. 

Es necesaria la repetición para empezar a hablar de adicción: Una  conducta que se repite de forma excesiva, dependiente, compulsiva, con daños en diferentes áreas de la vida de la persona. La persona siente que no puede parar y cuando no realiza dicha conducta siente gran malestar, mediante los síntomas de la abstinencia: necesita volver a repetir esa conducta una y otra vez, por cierta gratificación (inicial y momentánea) que le brinda esa conducta particular y para evitar lo insoportable que es la abstinencia.

Una conducta adictiva pareciera esclavizar a la persona. Para sí mismo es vista como más fuerte que él. Como si la voluntad hubiera sido vulnerada. Como si el sentido de la vida estuviera limitado y remitido a esa conducta. 

Toda la vida de la persona adicta termina organizándose alrededor de esta conducta.

Sin tomar verdadera conciencia de los efectos de repetir esa conducta, la persona adicta puede llegar a aislarse, alejarse de sus seres queridos, con tal de poder continuar con su adicción. Por lo general, el entorno más cercano, si no comparte este accionar, intentará cuestionarlo o provocar el convencimiento para el cese de la conducta. Sin embargo, cuando la persona adicta está en plena carrera de adicción y no vislumbra tener un problema, o lo ve pero aun no puede iniciar procesos de cambio, tomará las palabras y actos de sus seres queridos como exageraciones, prejuicios o críticas injustificadas. No estará dispuesto, por el momento, a aceptar que necesita ayuda.

Una adicción es un problema que afecta a la salud mental y física de la persona adicta; afecta a todo el sistema familiar; dificulta el desarrollo de actividades educativas y laborales; puede llegar a producir problemas legales en algunos casos, por ejemplo bajo el efecto del consumo de drogas, o para conseguir comprarlas.

Vale aclarar que más allá de ciertos mitos o etiquetas inherentes al imaginario social se suele asociar directamente el consumo de drogas con el delito, y si bien, como ya dijimos puede darse esa relación, adicto no es necesariamente sinónimo ni de delincuente, ni de peligroso para la sociedad. El peligro o la toma de riesgos puede estar presente en una adicción por la falta de conciencia de las consecuencias, los bloqueos producidos a nivel racional, las desinhibiciones, la voluntad vulnerada, la búsqueda de sensaciones; pero en la mayoría de los casos el principal potencial destinatario de este peligro es el propio adicto, quien pone en riesgo su salud, el vínculo con su familia y amigos, su puesto de trabajo, etc, cada vez que repite esa conducta tan necesaria como destructiva.

 

Autor: Melina Gancedo

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